Brasil Colombia: La mejor final de la Historia

Desde las Olimpiadas de Francia que sigo a Colombia formalmente, así como también a España e Inglaterra… antes ya había visto un poco a las clásicas: a Brasil, Estados Unidos, Alemania… Pero estos equipos se sentían como un aire fresco en el panorama; tenían los tres ingredientes que me encantan: vanguardismo, fútbol y mujeres poderosas.
El partido entre Colombia y España me dejó ¡anonadado! La batalla que se dieron en la cancha, el abrazo que se dieron fuera de ella…Pensé que nunca vería algo así de nuevo, quien diría que ..

Casi todas intercambiaron la camiseta

Los ovarios que le mete Cata Usme a cada partido, la forma en la que da la cara por su equipo, la fuerza de Mayra que da confianza, y el potencial que se dispara cuando la puede controlar… El carisma que tiene de Linda Caicedo (el estilo de juego, porque ella en sí se la ve seria) y ese estilo de juego en equipo de controlar -aunque se arriesgue- el balón que sugiere trazos dignos del Barcelona de España.

Mayra.


El modo disruptivo que tiene y su estilo de juego diferente hizo que nadie en la Premier League, al menos al principio, la pudiera identificar.
Y después de ganarse ese puesto en la mejor liga del mundo a base de esfuerzo y capacidad, se ganó los corazones de los ingleses y las inglesas por su carisma, su buen humor y su sonrisa…

Pronto se hizo amiga de esta otra crack de gente: Nüsken. Y juntas hacían de cada partido del Chelsea un festival… ¡Qué feliz sentirme identificado con un juego que no viene desde la presión y la competencia, sino desde la pasión y la coherencia que un juego debería dar!

Linda Caicedo de titular en el Real Madrid en donde juega desde los 18 años..

A Linda Caicedo la conocí después, como la estrella del Real Madrid. Con un juego que hace apología a su nombre y una paz con la que juega que hace querer ver fútbol. Y con una madurez mental dentro de la cancha que no pareciera de su edad, o que pareciera de un atleta que se ha dedicado a esta disciplina en serio desde sus primeros años de vida…

Catalina Usme , la capitana de la selección


A Cata la había visto solo en los eventos internacionales, moviendo los hilos de la cancha, y defendiendo al equipo fuera de ella. Me recuerda bastante al estilo de Sergio Busquets; pero con la actitud de Arturo Vidal.

Más que nada creo que es en eso en lo que se está diferenciando el fútbol femenino: hay más fair play, más juego vistoso, más apoyo colectivo pero y más que todo el  componente emocional, y en ese juego emocional, la que gana es esta capitana (mención aqui para la frialdad de Aitanna Bonmatí)… Por supuesto hay otros estilos de juego en ambos géneros, algunos bastante de lo mismo…pero no Colombia:  no Mayra que es simplemente algo nuevo, así como la nueva generación de Colombia…

Y entonces vino la Copa América y a tan solo 10 horas en bus de mi ciudad…
Aunque me encanta el juego de Ecuador también, tengo que admitir que en esta copa nos fue mal, con un malestar que vino desde la organización , (en un reflejo de los momentos que en el país eestá atravezando)

O tal vez desde la inmadurez generalizada que aún llevamos(porque más pesaron nuestros errores que nuestras virtudes) Y aunque siempre fui fan de Messi y del fútbol argentino; después de ver semejantes cátedras no pude hacer más que caer enamorado del juego de Colombia..

El Partido

Al principio el partido estaba cortado, Colombia sin su posesión característica y mas bien reboliándola, una Brasil paciente y estoica y con una parsimonia que caía en Letargo. ¡Parecía como esperando…Y  Colombia  apresurada queriendo hacer el gol ya!, se notaba que estaba nerviosa y un poco ansiosa también.

Linda Caicedo con marca personal en la final ..

Linda y Mayra, bien marcadas, no podían pivotear muy bien ni desarrollar su juego, a lo que tuvo que brillar la nueva estrella que ví en la selección, Valerin Loboa.

Fue precisamente ella quien inició la jugada para el primer gol, pasándole a Mayra, luego a Linda, luego su paciencia, amague y gol !! Un gol que le devolvió a la selección la tranquilidad que había perdido en los primeros minutos… y 1 a 0 que parecía que iba a permanecer hasta el final del partido por lo trabado que estaba, pero que por una equivocación a base de los nervios y una defensa colombiana, logró el empate de Brasil.

Ese 1 – 1 no lo vi porque estaba viniendo de comprar mi segunda cerveza. Viendo la repetición, vi que fue una falta infantil, tal vez por no estar acostumbrada al VAR en la copa América, porque pensó que el 1er tiempo ya terminaba, o tal vez porque dejó llevarse de la  emoción del partido.Y es que ese partido fue pura, PURA emoción, puro ego, también.

La selección brasileña tenía estilo, manejo del balón, pero no tenían una líder dentro de la cancha como Mayra o Lnda;  ni un público que los estuviera gritando que los ama —como yo a Colombia— en primera grada.

En fin.


Por la tribuna los vecinos colombianos empezaban a sufrir, yo les acompañaba, pero algo dentro de mí estaba emocionado por el partidazo que se venía en el segundo tiempo(ventajas de ser de un país neutral). Y así fue (¡y cómo fue!).

El segundo tiempo ya fue más asentado a tierra, se vió el estilo de juego de cada equipo y aunque Brasil entró más en partido, Colombia tenía la confianza. Los goles de Brasil llegaron de pura jerarquía individual, como el golazo de la chica que la bajó de pecho y la metió en la esquina. El que para mí fue el mejor del campeonato (¡y de paso el mejor del año!)

Gol de Tarciane para Colombia en el minuto 69, gol de Amanda Gutierrez para Brasil en el minuto 80,y mi tan esperado gol de Mayra para Colombia en el minuto 88;  lo que parecía el el sello de un partido y un campeonato inolvidable para la selección de Colombia.

Para ese entonces yo estaba en mi cuarta cerveza, derramado en llanto de la emoción junto con toda la fila de colombianas hermosas de las que me hice pana ya para ese entonces.

Sale Mayra en los últimos minutos, sale por el lado de la tribuna en donde yo estaba (gritando todo el partido) y aplaude al público, señal de que vio mi camiseta y  mi apoyo (según mi memoria selectiva)

Y entonces llegó, el As bajo la manga de Brasil, la Game changer, la líder, la mejor jugadora de todos los tiempos del fútbol, la que cambiaría la historia del fútbol femenino, y cambiaría la historia de este partido en particular entrando al ¡minuto 82!: Marta da Silva.

Fue después que me di cuenta de la estrategia que había hecho Brasil, tener un partido sobrio hasta que llegara ella y confiar en ella en los últimos minutos para que les arrancara la victoria de Colombia de las manos, a pesar de que Mayra convirtió en el 88’…


Fue después, que me di cuenta de la absoluta confianza que tenía el equipo en su campeona y en su capacidad para virar el resultado. Y fue después, porque en ese ahora no entendía la parsimonia de las brasileñas hasta que su líder ingresara.

Y es que la jerarquía, el liderazgo y la historia de una jugadora histórica no se vé en jugada espectacular en dejarse llevar por el público, en barrerse o rajarse en cada pelota. La jerarquía se nota en la parsimonia y concentración que tenía, en cada toque sutil de su pie que clarificaba ese mar de emociones, esa templanza de la que ha pisado tantas canchas y finales, algunas con todo el público a favor, otras completamente en contra.. un escenario ya vivido tantas veces que estaba ya normalizado y superado (Y es que tantas finales ha jugado Marta, tantas finales ha ganado…)

Mientras toda Colombia ya estaba festejando; ella sabía las reglas del juego: no dejarse llevar por la afición y darlo todo con precisión y una calma de acero inoxidable hasta el último segundo del partido.

Esa mirada de arrepentimiento con la que Linda Caicedo decía: “esos benditos últimos 20 segundos que cambian todo el partido, cambian toda una historia”, es la mirada que Marta había vivido una y otra y otra vez y que le daba la mesura. La autoridad y la precisión con la que pateó ese balonazo, ¡el mejor gol de la copa! en el minuto 96″ del partido, con el que acallaba a todo el estadio, llevaba a Brasil al alargue y a Colombia al inframundo de la depresión. (depre en la que los comentaristas Colombianos no pueden superar hasta ahora(sin importar la fecha en la que leas esto ja! ))

Para ese entonces, ya en mi sexta cerveza, estaba muriéndome de tristeza, pero muriéndome de risa también, cambiando la palabra “Mayra” por “Marta” bajo el reclamo  -a veces inocente, a veces serio- de las colombianas que me amigué. Por suerte estaba ahí por el fútbol más que por el país…

La emoción se salía ya de cualquier vara o termostato, tanto en jugadoras,  aficionadas, la hinchada y hasta los guardias, que viendo al público se emocionaban en su show de vernos reír, tomar y sobre todo (en mi caso); llorar.

REGRESANDO AL PARTIDO

No es de extrañarse que la misma Martha meta el 4-3 a los 15’ del alargue y que toda la hinchada colombiana pasara, del fervor al reclamo. El reclamo al árbitro, a cada bola dividida, al equipo, reclamo, reclamo en general.

Y fue ahí que entro yo en la escena: yo con mi octava cerveza en una mano, mi corazón en la otra, y la camiseta del jugador número 12 en mi cabeza, en una escena que jamás olvidaré: me paré, me viré y les dije a ese público: “¿pues qué, nos vamos a empezar a quejar ahora? ¡Vamos a apoyarles chucha, que es su país! ¡Sí se puede!” Y alcé las manos como para arriba diciendo vamos a apoyar, vamos!! y me sentía encarnando todos mis ídolos en la cancha cuando piden aliento a su público… me sentía Ödegaard en el Arsenal, Lautaro en el Inter… De Paul, ¡siempre!.

Y por suerte todos en la hinchada me entendieron. Y juntos empujamos hasta el tiro libre  y juntos pateamos ese tiro libre de la Leicy Santos en los últimos minutos del Segundo alargue: y aunque sea la 3ra vez que lo digo, ese fue el MEJOR gol de toda la Copa América.

Esta vez fueron hasta los novios de las colombianas de la fila los que desaforados se abrazaban conmigo sabiendo que vivimos algo épico, y que estábamos viviendo historia pura. tengo ese momento en mi cabeza como si fuera ayer, tod@s saltando el tiempo se paró como Fray en su taza 100 de café, una emoción en donde todo el estadio era uno, y en donde hasta la batucada brasileña se desparramaba en llanto de ver el mejor partido de la historia de la Copa América.

Yaaa más allá quedaba el resultado de quién iba o no a ganar; todos estábamos anonadados de presenciar semejante historia digna de un coliseo romano… En algún punto de esa celebración dejó de tratarse del deporte y cobró vida la emoción de sentirse uno solo, perdido y mezclado entre toda la gente del estadio. La primera vez que se saturaron mis oídos de bocinas gritos y la vibración del salto unísono de la grada. Sobredosis emocional por doquier

Tuve que correr a tomar el último bus (a lo que será mi siguiente capítulo) así que no vi los penales, ni me importaba, siempre con mi amigo de PES obviábamos los penales porque  decíamos que era oficialmente empate.

Vi los penales en la estación de bus pero ya como un común mortal.. la emoción del mejor partido de futbol del año se había quedado allá en la cancha

Y por eso escribo estas palabras: para que todos los que estuvieron ahí, sobre todo yo, recordemos esa emoción.

Escribí este artículo sin un solo trago, pero completamente embriagado de fútbol y de amor por lo que fue uno de los mejores días de mi vida, y el día en el que decidí, por supuesto, que iría al Mundial de Brasil en 2027.

Saludos
Y salud.


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